lunes, 27 de mayo de 2013
Siete consejos de Stephen King
Los consejos de los escritores de éxito -que parten de su experiencia cotidiana- son lecciones muy valiosas sobre la profesión, que todo escritor debe conocer. ¿Cuáles son los consejos de Stephen King?
1) Ve al grano.
No pierdas el tiempo de tus lectores con explicaciones sobre el trasfondo de la historia, largas introducciones o más largas anécdotas. Reduce el ruido. Reduce los balbuceos.Vete al grano antes de que el lector pierda la paciencia.
2) Escribe el borrador. Después déjalo descansar.
Escribe un borrador y a continuación déjalo reposar en un cajón durante unos meses antes de volver a leerlo. Después de esa lectura, todavía debes dejar reposar el manuscrito un par de días antes de empezar a corregirlo.
Este modo de trabajar te permitirá alejarte de las ideas que tenías cuando empezaste a trabajar en la historia, lo que te dará una perspectiva más clara y objetiva del texto. Eso te facilitará corregir, añadir o cortar (incluso ser implacable) y dará como resultado un texto mejor.
3) Reduce el texto.
Al revisar el texto es el momento de eliminar todas las palabras y frases superfluas. De este modo el mensaje ganará en claridad y seguramente en fuerza emotiva.
Eso sí, no elimines demasiado texto o puedes lograr el efecto contrario en su lugar. Lo ideal, como aprendí gracias a una carta de rechazo, es reducir el texto en torno a un 10%.
4) Que tu historia y personajes sean honestos y atraigan.
Por extraña que pueda ser la trama que presentes, no olvides que tus personajes tienen que ser creíbles, normales, reales.
Una de las claves para lograrlo es tener una voz y unos personajes honestos, con lado bueno y lado malo. Esto crea una fuerte conexión con el lector que puede identificarse con sus defectos, pasiones, miedos, debilidades y buenos momentos. Haz que tus personajes sean humanos.
Otra de las claves es mantener un estilo coloquial. Mantén la sencillez y usa un lenguaje que no sea innecesariamente complicado. Usa las palabras que primero te vengan a la mente.
5) No te preocupes demasiado por lo que puedan pensar los demás.
No debe importarte lo que digan tus conocidos, tu familia, tus lectores, los editores que rechazan tus obras o la crítica. Siéntate a tu escritorio cada día y escribe.
6) Lee mucho.
Cuando se lee siempre se cosecha algo. A veces puede ser un recordatorio de lo que sabes que deberías estar haciendo mientras escribes. A veces es una idea genial o simplemente la manera en que el escritor que lees construye la atmósfera de su historia. A veces es algo totalmente nuevo que te deja con la boca abierta. Y a veces se aprende lo que se debe evitar hacer. Casi siempre hay lecciones que podemos aprender.
Si quieres ser un mejor escritor tienes que leer mucho para obtener nuevas ideas, ampliar tus horizontes y profundizar en el conocimiento. Además, para evolucionar como escritor es necesario que mezcles influencias para ver qué pasa.
¿Cómo encontrar tiempo para leer más? Apaga la televisión. Aprovecha cada instante. Lleva siempre un libro encima.
7) Escribe mucho.
He dejado el consejo más importante para el final. Para llegar a ser un mejor escritor seguramente —aunque no suponga una sorpresa— necesitas escribir más. Muchos de los mejores en los diferentes campos —Bruce Springsteen, Michael Jordan o Tiger Woods— han ido más allá de los límites normales de la práctica. Y así han logrado resultados extraordinarios.
Pero ¿qué hacer cuando no tengo ganas de escribir? Desde luego, aguardar la inspiración puede llegar a ser una larga espera.
Una buena manera de evitar esa falta de ganas es encontrar una solución eficaz para reducir la procrastinación. Es posible que tengas que probar varias antes de encontrar una que funcione contigo. Otra manera es, simplemente, ponerte a escribir. Cuando te acostumbres a hacerlo descubrirás que esa resistencia inicial se convierte en entusiasmo.
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martes, 7 de mayo de 2013
Dickens edita a Dickens
La implacable tarea de corregir
Dickens edita a Dickens, es el el título de la nota que apareció en el New York Times (on line) del 1 de diciembre de 2009.
Gracias a ella, se puede acceder a la versión manuscrita (on line) de A Christmas Carol, del escritor inglés Charles Dickens. En ese texto se puede apreciar el minucioso trabajo de corrección que realizó el autor a su obra.
Es un "bocadillo" para escritores, editores y correctores.
Estos son los links de la nota:
http://documents.nytimes.com/looking-over-the-shoulder-of-charles-dickens-the-man-who-wrote-of-a-christmas-carol#p=1
http://cityroom.blogs.nytimes.com/2009/12/01/a-christmas-rewrite-as-dickens-edits-dickens/?hp
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Una discreta autobiografía
Al ensayo "Cartas a un joven novelista", Mario Vargas Llosa lo define así: "Se trata, pues, de un libro muy personal y, en cierto modo, de una discreta autobiografía".
Querido amigo:
Su carta me ha emocionado, porque, a través de ella, me he visto yo mismo a mis catorce o quince años, en la grisácea Lima de la dictadura del general Odría, exaltado con la ilusión de llegar a ser algún día un escritor, y deprimido por no saber qué pasos dar, por dónde comenzara cristalizar en obras esa vocación que sentía como un mandato perentorio: escribir historias que deslumbraran a sus lectores como me habían deslumbrado a mí las de esos escritores que empezaba a instalar en mi panteón privado: Faulkner, Hemingway, Malraux, Dos Passos, Camus, Sartre.
Muchas veces se me pasó por la cabeza la idea de escribir a alguno de ellos (todos estaban vivos entonces) y pedirle una orientación sobre cómo ser un escritor. Nunca me atreví a hacerlo, por timidez, o, acaso, por ese pesimismo inhibitorio —¿para qué escribirles, si sé que ninguno se dignará contestarme?— que suele frustrar las vocaciones de muchos jóvenes en países donde la literatura no significa gran cosa para la mayoría y sobrevive en los márgenes de la vida social, como quehacer casi clandestino.
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Mario Vargas Llosa
jueves, 7 de febrero de 2013
¿Escribir con mapa o con brújula?
El proceso de escritura de una novela es una tarea muy personal, y por eso cada escritor tiene su método o su manera de trabajar con la palabra, la trama, los personajes...
Javier Marías relata en este video parte del proceso de creación de su novela "Los enamoramientos" (Alfaguara) y explica su original teoría sobre ser un escritor con mapa o con brújula.
http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/2011/12/los-enamoramientos-de-marias-mejor-libro-de-2011.html
jueves, 14 de junio de 2012
Retrato de una generación
Jorge Fernández Díaz habla de su novela Fernández, en la que cuenta la historia de un periodista de cuarenta años, desencantado y, a la vez, nostálgico de las luchas ideológicas. Al narrar esa vida, pinta un fresco descarnado de la generación de quienes dejaban la adolescencia en la década del ochenta.
"Ese escepticismo que es un escudo, también es un salitre. No se puede vivir sin ideales, sin certezas. Esa falta de certidumbres no es patrimonio únicamente de los argentinos: es un rasgo común de los hombres y mujeres del mundo occidental nacidos en los años 60. Lo que cuento en mi libro es el vacío posmoderno. Creemos en verdades superpuestas. Comprobamos todos los días que detrás de una verdad hay otra y detrás de ésta, otra. Ese vacío, ese baile de máscaras, nos hace tipos de éxito, egoístas, que están muy bien por fuera y muy mal por dentro. La historia de esa generación no ha sido contada nunca. Es como si los que teníamos sueños en la década del 80 no existiéramos, somos una nueva generación perdida. Mamá es una crónica novelada de lo que les pasó a los inmigrantes. Es una novela verídica, periodística, no en vano comienza con una cita de Capote. En Fernández, pensé hacer lo mismo. Pero me di cuenta de que a medida que escribía falseaba las cosas. La crónica, que busca regirse por la verdad, me llevaba a decir mentiras. Entonces pensé que la solución para hablar de mi generación era recurrir a la ficción. La verdad, paradójicamente, iba a surgir de la ficción. Por eso Fernández, en cuanto al género, es una novela. Tomé todos los personajes que conocí, lo que leí, las situaciones por las que pasé, por las que pasaron otros, lo que imaginé y lo que imaginaron otros y, con todo ese material, construí mi libro. Fernández, el narrador, por ejemplo, lleva mi apellido, pero no soy yo, aunque tiene mucho de mí. Responde a los rasgos de muchos hombres de mi generación".
Link de la nota http://www.lanacion.com.ar/793635-la-enfermedad-de-no-creer-en-nada
"Ese escepticismo que es un escudo, también es un salitre. No se puede vivir sin ideales, sin certezas. Esa falta de certidumbres no es patrimonio únicamente de los argentinos: es un rasgo común de los hombres y mujeres del mundo occidental nacidos en los años 60. Lo que cuento en mi libro es el vacío posmoderno. Creemos en verdades superpuestas. Comprobamos todos los días que detrás de una verdad hay otra y detrás de ésta, otra. Ese vacío, ese baile de máscaras, nos hace tipos de éxito, egoístas, que están muy bien por fuera y muy mal por dentro. La historia de esa generación no ha sido contada nunca. Es como si los que teníamos sueños en la década del 80 no existiéramos, somos una nueva generación perdida. Mamá es una crónica novelada de lo que les pasó a los inmigrantes. Es una novela verídica, periodística, no en vano comienza con una cita de Capote. En Fernández, pensé hacer lo mismo. Pero me di cuenta de que a medida que escribía falseaba las cosas. La crónica, que busca regirse por la verdad, me llevaba a decir mentiras. Entonces pensé que la solución para hablar de mi generación era recurrir a la ficción. La verdad, paradójicamente, iba a surgir de la ficción. Por eso Fernández, en cuanto al género, es una novela. Tomé todos los personajes que conocí, lo que leí, las situaciones por las que pasé, por las que pasaron otros, lo que imaginé y lo que imaginaron otros y, con todo ese material, construí mi libro. Fernández, el narrador, por ejemplo, lleva mi apellido, pero no soy yo, aunque tiene mucho de mí. Responde a los rasgos de muchos hombres de mi generación".
Link de la nota http://www.lanacion.com.ar/793635-la-enfermedad-de-no-creer-en-nada
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Escritores y escritura
jueves, 24 de mayo de 2012
No sólo escribir, sino cómo escribir
Cada escritor tiene su estilo, es decir, una forma de expresión que lo distingue y sirve como estampa de su personalidad. Así como distinguimos a nuestros amigos por su forma de reír, caminar o hablar, el estilo literario nos permite identificar las obras con sus autores por la manera en que están escritas.
Según Mario Vargas LLosa ""El estilo es ingrediente esencial, aunque no el único, de la forma novelesca. Las novelas están hechas de palabras, de modo que la manera como un novelista elige y organiza el lenguaje es un factor decisivo para que sus historias tengan o carezcan de poder de persuasión. Ahora bien, el lenguaje novelesco no puede ser disociado de aquello que la novela relata, el tema que se encarna en palabras, porque la única manera de saber si el novelista tiene éxito o fracasa en su empresa narrativa es averiguando si, gracias a su escritura, la ficción vive, se emancipa de su creador y de la realidad real y se impone al lector como una realidad soberana"(*).
¿Cuál nos distingue a nosotros? Una clasificación realizada por ABCdigital.
El estilo sobrio: Rechaza todo tipo de recursos literarios que sirven sólo como ornamentación y se limita a exponer los conceptos de forma directa y clara. Este estilo es muy frecuente en las obras de carácter didáctico.
El estilo sencillo: Similar al estilo sobrio, el sencillo busca la claridad ante que complicaciones. Admite los adornos y los elementos poéticos, pero rechaza las exageraciones y los recursos rebuscados.
El estilo elegante: Se caracteriza por otorgar colorido a la obra. Abunda en adornos literarios, en figuras poéticas, en la armonía, etc., pero cuidando el equilibrio de los adornos poéticos.
El estilo florido: Empleo recargado de las imágenes, metáforas y otros recursos poéticos para dar una impresión de vivacidad a la obra y hacerla atractiva, aunque la comprensión exija mayor esfuerzo por parte del receptor.
El estilo sublime: La excelencia de los pensamientos, la belleza de las imágenes y el buen empleo de los recursos literarios hacen que el estilo sublime tenga un poder extraordinario que arrebata al lector u oyente.
El estilo jocoso y humorista: El estilo jocoso utiliza los recursos literarios para otorgar un carácter cómico a las producciones. Su finalidad es hacer reír.
El estilo cortado: El nerviosismo es la nota característica del estilo cortado. Está elaborado con oraciones muy breves y no admite adornos ni rodeos innecesarios. Expresa el pensamiento en forma rápida y pasa de unos pensamientos a otros con rapidez.
El estilo vivo: Como su nombre dice, es el estilo que comunica vivacidad, animación y alegría. Es divertido y busca recrear al lector pero sin ser jocoso.
El estilo enérgico: La fuerza y el vigor de la expresión se destacan en el estilo enérgico. Cada oración y cada pensamiento parece que fuese una frase esculpida en una lápida y para la cual no se admitiría ninguna objeción.
El estilo vehemente: Concede un predominio al impulso de la pasión e incluso de la violencia. Las palabras y las ideas reflejan ese impulso y se precipitan unas tras otras.
El estilo dramático: Al impulso y a la pasión del estilo vehemente, el dramático añade un concepto de oposición entre varias cosas para mantener una actitud de lucha que hace resaltar la idea central.
(*) Fragmento de "Cartas a un joven novelista", Ariel/Planeta, p. 39.
Según Mario Vargas LLosa ""El estilo es ingrediente esencial, aunque no el único, de la forma novelesca. Las novelas están hechas de palabras, de modo que la manera como un novelista elige y organiza el lenguaje es un factor decisivo para que sus historias tengan o carezcan de poder de persuasión. Ahora bien, el lenguaje novelesco no puede ser disociado de aquello que la novela relata, el tema que se encarna en palabras, porque la única manera de saber si el novelista tiene éxito o fracasa en su empresa narrativa es averiguando si, gracias a su escritura, la ficción vive, se emancipa de su creador y de la realidad real y se impone al lector como una realidad soberana"(*).
¿Cuál nos distingue a nosotros? Una clasificación realizada por ABCdigital.
El estilo sobrio: Rechaza todo tipo de recursos literarios que sirven sólo como ornamentación y se limita a exponer los conceptos de forma directa y clara. Este estilo es muy frecuente en las obras de carácter didáctico.
El estilo sencillo: Similar al estilo sobrio, el sencillo busca la claridad ante que complicaciones. Admite los adornos y los elementos poéticos, pero rechaza las exageraciones y los recursos rebuscados.
El estilo elegante: Se caracteriza por otorgar colorido a la obra. Abunda en adornos literarios, en figuras poéticas, en la armonía, etc., pero cuidando el equilibrio de los adornos poéticos.
El estilo florido: Empleo recargado de las imágenes, metáforas y otros recursos poéticos para dar una impresión de vivacidad a la obra y hacerla atractiva, aunque la comprensión exija mayor esfuerzo por parte del receptor.
El estilo sublime: La excelencia de los pensamientos, la belleza de las imágenes y el buen empleo de los recursos literarios hacen que el estilo sublime tenga un poder extraordinario que arrebata al lector u oyente.
El estilo jocoso y humorista: El estilo jocoso utiliza los recursos literarios para otorgar un carácter cómico a las producciones. Su finalidad es hacer reír.
El estilo cortado: El nerviosismo es la nota característica del estilo cortado. Está elaborado con oraciones muy breves y no admite adornos ni rodeos innecesarios. Expresa el pensamiento en forma rápida y pasa de unos pensamientos a otros con rapidez.
El estilo vivo: Como su nombre dice, es el estilo que comunica vivacidad, animación y alegría. Es divertido y busca recrear al lector pero sin ser jocoso.
El estilo enérgico: La fuerza y el vigor de la expresión se destacan en el estilo enérgico. Cada oración y cada pensamiento parece que fuese una frase esculpida en una lápida y para la cual no se admitiría ninguna objeción.
El estilo vehemente: Concede un predominio al impulso de la pasión e incluso de la violencia. Las palabras y las ideas reflejan ese impulso y se precipitan unas tras otras.
El estilo dramático: Al impulso y a la pasión del estilo vehemente, el dramático añade un concepto de oposición entre varias cosas para mantener una actitud de lucha que hace resaltar la idea central.
(*) Fragmento de "Cartas a un joven novelista", Ariel/Planeta, p. 39.
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Vargas LLosa
lunes, 14 de mayo de 2012
¿Por qué escribimos?
Para entender. Para amar. Para que nos quieran. Para saber. Por necesidad. Por dinero. Por costumbre. Para vivir otras vidas y revivir la propia. Para dar testimonio. Estas son las respuestas de algunos escritores.
Cuando le preguntaron a Umberto Eco porqué escribía simplemente dijo: “Porque me gusta”. Y Carlos Fuentes respondió con una pregunta: “¿Por qué respiro?”. En cambio, Rosa Montero y Mario Vargas Llosa dieron otras respuestas.
Rosa Montero: “Escribo porque no puedo detener el constante torbellino de imágenes que me cruza la cabeza, y algunas de esas imágenes me emocionan tanto que siento la imperiosa necesidad de compartirlas. Escribo para tener algo en qué pensar cuando, en la soledad tenebrosa de la duermevela, por la noche, en la cama, antes de dormir, me asaltan los miedos y las angustias. Escribo porque mientras lo hago estoy tan llena de vida que mi muerte no existe: mientras escribo, soy intocable y eterna. Y, sobre todo, escribo para intentar otorgar al Mal y al dolor un sentido que en realidad sé que no tienen”.
Mario Vargas Llosa “Escribo porque aprendí a leer de niño y la lectura me produjo tanto placer, me hizo vivir experiencias tan ricas, transformó mi vida de una manera tan maravillosa que supongo que mi vocación literaria fue como una transpiración, un desprendimiento de esa enorme felicidad que me daba la lectura. En cierta forma la escritura ha sido como el reverso o el complemento indispensable de esa lectura, que para mí sigue siendo la experiencia máxima, la más enriquecedora, la que más me ayuda a enfrentar cualquier tipo de adversidad o frustración. Por otra parte, escribir, que al principio es una actividad que incorporas a tu vida con otros, con el ejercicio se va convirtiendo en tu manera de vivir, en la actividad central, la que organiza absolutamente tu vida. La famosa frase de Flaubert que siempre cito: "Escribir es una manera de vivir". En mi caso ha sido exactamente eso. Se ha convertido en el centro de todo lo que yo hago, de tal manera que no concebiría una vida sin la escritura y, por supuesto, sin su complemento indispensable, la lectura”. Manuel Vicent: “Si esta pregunta se me hubiera formulado hace muchos años, cuando empecé a escribir, mi respuesta habría sido más romántica, más literaria, más estúpida. Probablemente habría contestado que escribía para crear un mundo a mi imagen, para poder leer el libro que no encontraba en mi biblioteca, para no suicidarme, para enamorar a una niña, para influir en la sociedad o tal vez cínicamente porque no servía para nada más, ni siquiera para arreglar un enchufe. Sin olvidar lo que este oficio tiene de vanidad y de narcisismo, a estas alturas de la profesión creo que escribo porque es un trabajo que me gusta, que unas veces me sale bien y otras mal, pero en cualquier caso la literatura ya forma parte de un mismo impulso vital que me sirve para sentirme a gusto todavía en este mundo, sin que espere gran cosa de su resultado”. Andrés Neuman “Escribo porque de niño sentí que la escritura era una forma de curiosidad e ignorancia. Escribo porque la infancia es una actitud. Escribo porque no sé, y no sé por qué escribo. Escribo porque sólo así puedo pensar.
Fragmentos de una nota de Jesús Ruiz Mantilla, publicada en diario EL PAIS, el viernes 21 de enero de 2011.
Fragmentos de una nota de Jesús Ruiz Mantilla, publicada en diario EL PAIS, el viernes 21 de enero de 2011.
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