"La Boca, en efecto, es para mí en buena medida la fascinación del carnavalismo, una característica de muchos de mis cuentos y novelas. Un día de 1936, en el aniversario de la fundación de Buenos Aires, desde unas carabelas obviamente ficticias bajaron por la Boca unos señores con yelmo y coraza. Alguien me dijo: "Vienen a fundar la ciudad". Y me hice otro lío: ¿cómo van a fundarla, si ya está? Tampoco entendía que la gente hablara en argentino, pero con tonada de otro idioma; ni sabía de algo llamado cocoliche. De joven admiraba a esos compadres de Ruggierito que recorrían cadenciosos las cortadas boquenses; mi familia los odiaba, pero para mí eran los varones del tango. Aunque, según el barrio donde viviera, también admiré a los pitucos que usaban pantalones Oxford, palm-beachs, sombreros Panamá y bigotitos. Aún hoy tengo la sensación de ver, por un lado, un corralón y un hombre muy alto en el pescante; y por otro, un petit hotel en Palermo Chico con terrazas donde mis tías bailan al compás de la orquesta La Continental."
FRAGMENTO DE UNA ENTREVISTA REALIZADA POR GUILLERMO MAYR
LINK: http://eljineteinsomne2.blogspot.com.ar/2010/03/pedro-orgambide-literatura-me-salva-de.html
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martes, 27 de mayo de 2014
viernes, 6 de diciembre de 2013
El corazón de Frida, una original autobiografía
Una colección de treinta y siete notas, cartas, y seis dibujos de Frida Kahlo se mostraron por primera vez,entre 2006 y 2007.
Estos documentos autobiográficos fueron descubiertas dentro de una caja tradicional de Michoacán laqueada, con las iniciales FK, talladas sobre la parte exterior de la tapa, y Coyoacán Frida Kahlo 1950 escrito a mano en su interior.
Dentro de la caja se encontraban tres tipos de correspondencia: cartas, notas y postales.
Habían ocho cartas manuscritas de Frida en sobres destinados a ella misma en Coyoacán, su lugar de nacimiento. Estas cartas detallan sus pensamientos más íntimos acerca de su marido, el famoso muralista mexicano Diego Rivera.
La caja también contenía veintisiete notas escritas por Frida Kahlo sobre papel de cuaderno amarillo que detallan su relación con Diego Rivera, su posición política, y su extraordinario heroísmo al encarar el dolor y la aproximación de su muerte. Estas cartas y notas fueron escritas entre 1950 y 1954.
Estos documentos autobiográficos fueron descubiertas dentro de una caja tradicional de Michoacán laqueada, con las iniciales FK, talladas sobre la parte exterior de la tapa, y Coyoacán Frida Kahlo 1950 escrito a mano en su interior.
Dentro de la caja se encontraban tres tipos de correspondencia: cartas, notas y postales.
Habían ocho cartas manuscritas de Frida en sobres destinados a ella misma en Coyoacán, su lugar de nacimiento. Estas cartas detallan sus pensamientos más íntimos acerca de su marido, el famoso muralista mexicano Diego Rivera.
La caja también contenía veintisiete notas escritas por Frida Kahlo sobre papel de cuaderno amarillo que detallan su relación con Diego Rivera, su posición política, y su extraordinario heroísmo al encarar el dolor y la aproximación de su muerte. Estas cartas y notas fueron escritas entre 1950 y 1954.
jueves, 15 de agosto de 2013
¿Qué es una autobiografía?
La autobiografía es la biografía escrita
por el mismo personaje, en primera persona y sin ayuda exterior. Están los diarios íntimos que escribe un autor con
el propósito de desahogarse y sin ninguna regularidad cronológica. Dentro del
género autobiográfico pueden incluirse los diarios,
en los que una persona registra los hechos de su vida con una cierta
periodicidad, y los epistolarios o
colecciones de cartas escritas por un autor, que a veces pueden incluir también
las que recibió. Los libros de viajes
suelen contener abundantes elementos autobiográficos, muchas veces ceñidos a la
subjetiva interpretación de los hechos.
jueves, 20 de junio de 2013
Autobiografia de Rodolfo Walsh (*)
Me llaman Rodolfo Walsh. Cuando chico, ese nombre no terminaba de convencerme: pensaba que no me serviría, por ejemplo, para ser presidente de la República. Mucho después descubrí que podía pronunciarse como dos yambos aliterados, y eso me gustó.
Nací en Choele-Choel, que quiere decir "corazón de palo". Me ha sido reprochado por varias mujeres.
Mi vocación se despertó tempranamente: a los ocho años decidí ser aviador. Por una de esas confusiones, el que la cumplió fue mi hermano. Supongo que a partir de ahí me quedé sin vocación y tuve muchos oficios. El más espectacular: limpiador de ventanas; el más humillante: lavacopas; el más burgués: comerciante de antiguedades; el más secreto: criptógrafo en Cuba.
Mi padre era mayordomo de estancia, un transculturado al que los peones mestizos de Río Negro llamaban Huelche. Tuvo tercer grado, pero sabía bolear avestruces y dejar el molde en la cancha de bochas. Su coraje físico sigue pareciéndome casi mitológico. Hablaba con los caballos. Uno lo mató, en 1947, y otro nos los dejó como única herencia. Este se llamaba "Mar Negro", y marcaba dieciséis segundos en los trescientos: mucho caballo para ese campo. Pero esta ya era zona de la desgracia, provincia de Buenos Aires.
Tengo una hermana monja y dos hijas laicas.
Mi madre vivió en medio de cosas que no amaba: el campo, la pobreza. En su implacable resistencia resultó más valerosa, y durable, que mi padre. El mayor disgusto que le causo es no haber terminado mi profesorado en letras.
Mis primeros esfuerzos literarios fueron satíricos, cuartetas alusivas a maestros y celadores de sexto grado. Cuando a los diecisiete años dejé el Nacional y entré en una oficina, la inspiración seguía viva, pero había perfeccionado el método: ahora armaba sigilosos acrósticos.
La idea más perturbadora de mi adolescencia fue ese chiste idiota de Rilke: Si usted piensa que puede vivir sin escribir, no debe escribir. Mi noviazgo con una muchacha que escribía incomparablemente mejor que yo me redujo a silencio durante cinco años. Mi primer libro fueron tres novelas cortas en el género policial, del que hoy abomino. Lo hice en un mes, sin pensar en la literatura, aunque sí en la diversión y el dinero. Me callé durante cuatro años más, porque no me consideraba a la altura de nadie. Operación masacre cambió mi vida. Haciéndola, comprendí que, además de mis perplejidades íntimas, existía un amenazante mundo exterior. Me fui a Cuba, asistí al nacimiento de un orden nuevo, contradictorio, a veces épico, a veces fastidioso. Volví, completé un nuevo silencio de seis años.
En 1964 decidí que de todos mis oficios terrestres, el violento oficio de escritor era el que más me convenía. Pero no veo en eso una determinación mística. En realidad, he sido traído y llevado por los tiempos; podría haber sido cualquier cosa, aun ahora hay momentos en que me siento disponible para cualquier aventura, para empezar de nuevo, como tantas veces.
En la hipótesis de seguir escribiendo, lo que más necesito es una cuota generosa de tiempo. Soy lento, he tardado quince años en pasar del mero nacionalismo a la izquierda; lustros en aprender a armar un cuento, a sentir la respiración de un texto; sé que me falta mucho para poder decir instantáneamente lo que quiero, en su forma óptima; pienso que la literatura es, entre otras cosas, un avance laborioso a través de la propia estupidez.
(*) Texto extraído del libro “Periodistas desaparecidos”, UTPBA
Nací en Choele-Choel, que quiere decir "corazón de palo". Me ha sido reprochado por varias mujeres.
Mi vocación se despertó tempranamente: a los ocho años decidí ser aviador. Por una de esas confusiones, el que la cumplió fue mi hermano. Supongo que a partir de ahí me quedé sin vocación y tuve muchos oficios. El más espectacular: limpiador de ventanas; el más humillante: lavacopas; el más burgués: comerciante de antiguedades; el más secreto: criptógrafo en Cuba.
Mi padre era mayordomo de estancia, un transculturado al que los peones mestizos de Río Negro llamaban Huelche. Tuvo tercer grado, pero sabía bolear avestruces y dejar el molde en la cancha de bochas. Su coraje físico sigue pareciéndome casi mitológico. Hablaba con los caballos. Uno lo mató, en 1947, y otro nos los dejó como única herencia. Este se llamaba "Mar Negro", y marcaba dieciséis segundos en los trescientos: mucho caballo para ese campo. Pero esta ya era zona de la desgracia, provincia de Buenos Aires.
Tengo una hermana monja y dos hijas laicas.
Mi madre vivió en medio de cosas que no amaba: el campo, la pobreza. En su implacable resistencia resultó más valerosa, y durable, que mi padre. El mayor disgusto que le causo es no haber terminado mi profesorado en letras.
Mis primeros esfuerzos literarios fueron satíricos, cuartetas alusivas a maestros y celadores de sexto grado. Cuando a los diecisiete años dejé el Nacional y entré en una oficina, la inspiración seguía viva, pero había perfeccionado el método: ahora armaba sigilosos acrósticos.
La idea más perturbadora de mi adolescencia fue ese chiste idiota de Rilke: Si usted piensa que puede vivir sin escribir, no debe escribir. Mi noviazgo con una muchacha que escribía incomparablemente mejor que yo me redujo a silencio durante cinco años. Mi primer libro fueron tres novelas cortas en el género policial, del que hoy abomino. Lo hice en un mes, sin pensar en la literatura, aunque sí en la diversión y el dinero. Me callé durante cuatro años más, porque no me consideraba a la altura de nadie. Operación masacre cambió mi vida. Haciéndola, comprendí que, además de mis perplejidades íntimas, existía un amenazante mundo exterior. Me fui a Cuba, asistí al nacimiento de un orden nuevo, contradictorio, a veces épico, a veces fastidioso. Volví, completé un nuevo silencio de seis años.
En 1964 decidí que de todos mis oficios terrestres, el violento oficio de escritor era el que más me convenía. Pero no veo en eso una determinación mística. En realidad, he sido traído y llevado por los tiempos; podría haber sido cualquier cosa, aun ahora hay momentos en que me siento disponible para cualquier aventura, para empezar de nuevo, como tantas veces.
En la hipótesis de seguir escribiendo, lo que más necesito es una cuota generosa de tiempo. Soy lento, he tardado quince años en pasar del mero nacionalismo a la izquierda; lustros en aprender a armar un cuento, a sentir la respiración de un texto; sé que me falta mucho para poder decir instantáneamente lo que quiero, en su forma óptima; pienso que la literatura es, entre otras cosas, un avance laborioso a través de la propia estupidez.
(*) Texto extraído del libro “Periodistas desaparecidos”, UTPBA
martes, 7 de mayo de 2013
Una discreta autobiografía
Al ensayo "Cartas a un joven novelista", Mario Vargas Llosa lo define así: "Se trata, pues, de un libro muy personal y, en cierto modo, de una discreta autobiografía".
Querido amigo:
Su carta me ha emocionado, porque, a través de ella, me he visto yo mismo a mis catorce o quince años, en la grisácea Lima de la dictadura del general Odría, exaltado con la ilusión de llegar a ser algún día un escritor, y deprimido por no saber qué pasos dar, por dónde comenzara cristalizar en obras esa vocación que sentía como un mandato perentorio: escribir historias que deslumbraran a sus lectores como me habían deslumbrado a mí las de esos escritores que empezaba a instalar en mi panteón privado: Faulkner, Hemingway, Malraux, Dos Passos, Camus, Sartre.
Muchas veces se me pasó por la cabeza la idea de escribir a alguno de ellos (todos estaban vivos entonces) y pedirle una orientación sobre cómo ser un escritor. Nunca me atreví a hacerlo, por timidez, o, acaso, por ese pesimismo inhibitorio —¿para qué escribirles, si sé que ninguno se dignará contestarme?— que suele frustrar las vocaciones de muchos jóvenes en países donde la literatura no significa gran cosa para la mayoría y sobrevive en los márgenes de la vida social, como quehacer casi clandestino.
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autobiografía,
Mario Vargas Llosa
jueves, 4 de marzo de 2010
Carlos Fuentes en el Café de la Parroquia
El escritor recuerda a sus abuelos
Si alguien quiere hacer su autobiografía, cuenta con otros recursos además de la palabra escrita, puede recurrir a los audiovisuales. Afortunadamente ahora, se puede relatar la propia vida, o parte de ella, con fotos, música y videos.
Para hablar de sus antepasados y su llegada a Veracruz, Carlos Fuentes va al Café de la Parroquia. El simple bullicio del lugar aporta emoción a lo que cuenta y aporta elementos vivenciales a la imaginación de quien lo ve.
Link: http://www.youtube.com/watch?v=cn-rjvEagcs
Otra faceta de Carlos Fuentes*
Hugo Alconada Mon -García Márquez dice en "Vivir para contarla" que el "Quijote" le resultaba aburrido hasta que un amigo le recomendó que lo llevara al baño y lo leyera mientras cumplía con los deberes diarios. Y así fue. Lo atrapó. [Carcajadas]
Carlos Fuentes-¡Qué bien! Yo recomiendo el "Quijote", pero no para el excusado. Yo llevo a Quevedo [risas], porque es escatológico, lírico y místico al mismo tiempo. Es capaz de escribir lo más sublime del mundo sobre el amor y el espíritu y, a su vez, tiene sus enormes versos sobre los pedos y todo lo que a él le gusta. Así que sería Cervantes, Quevedo y Góngora. Gabo me diría: y Garcilazo, ¿qué? O Lope de Vega. Pero yo creo que con esos tres estaría muy bien.
*Fragmento de una entrevista que le hizo Hugo Alconada Mon al escritor.
Si alguien quiere hacer su autobiografía, cuenta con otros recursos además de la palabra escrita, puede recurrir a los audiovisuales. Afortunadamente ahora, se puede relatar la propia vida, o parte de ella, con fotos, música y videos.
Para hablar de sus antepasados y su llegada a Veracruz, Carlos Fuentes va al Café de la Parroquia. El simple bullicio del lugar aporta emoción a lo que cuenta y aporta elementos vivenciales a la imaginación de quien lo ve.
Link: http://www.youtube.com/watch?v=cn-rjvEagcs
Otra faceta de Carlos Fuentes*
Hugo Alconada Mon -García Márquez dice en "Vivir para contarla" que el "Quijote" le resultaba aburrido hasta que un amigo le recomendó que lo llevara al baño y lo leyera mientras cumplía con los deberes diarios. Y así fue. Lo atrapó. [Carcajadas]
Carlos Fuentes-¡Qué bien! Yo recomiendo el "Quijote", pero no para el excusado. Yo llevo a Quevedo [risas], porque es escatológico, lírico y místico al mismo tiempo. Es capaz de escribir lo más sublime del mundo sobre el amor y el espíritu y, a su vez, tiene sus enormes versos sobre los pedos y todo lo que a él le gusta. Así que sería Cervantes, Quevedo y Góngora. Gabo me diría: y Garcilazo, ¿qué? O Lope de Vega. Pero yo creo que con esos tres estaría muy bien.
*Fragmento de una entrevista que le hizo Hugo Alconada Mon al escritor.
lunes, 18 de enero de 2010
¿Qué es una biografía? Es la historia sin sus problemas, define Halperín Donghi.
El historiador cuenta las dificultades y dilemas que se le plantearon al intentar escribir sus memorias. E Ignacio Lewckowicz describe cómo lo ve.
"A Luis Alberto Romero se le había ocurrido que hiciera unos diálogos con Jorge Lafforgue, al estilo de los que su padre había hecho con Félix Luna. Pero, pronto nos dimos cuenta de que no iban a ninguna parte: creíamos que uno sólo se sienta y dialoga, y al terminar, los manda a imprenta. El editor me había sugerido tomar como modelo los diálogos de Roland Barthes; pero es claro que ese diálogo nunca existió: son largas frases todas bien armadas; en cambio, uno veía lo nuestro y decía: 'Esto va directo a la basura. Entonces me pidieron un texto de apertura y descubrí que podía escribir de otra manera: empecé a escribir realmente mis memorias de infancia, que salían con gran fluidez; después las del Colegio Nacional... Eso se transformó en dos cosas: una historia de una infancia en Buenos Aires en los años treinta, en una familia inmigrante por ambos lados (judía y católica); y un relato de la experiencia del primer peronismo. Pero a medida que me acercaba al presente, me di cuenta de que no podía seguir así: cuando llega la madurez uno empieza: 'Y entonces di una conferencia en tal lado; un curso en tal otro...'. Les pasa a las biografías: empiezan muy interesantes y se ponen muy aburridas, y a mí me resultaba cada vez más difícil mantener el tono; si seguía así iba a terminar totalmente afectado. Así que termina con la Revolución Libertadora, en 1955".
-¿Lee autobiografías?
-Algunas. Biografías, sobre todo, que es una cosa de la vejez. Las biografías, en cierta medida, son la historia sin sus problemas; y hay algunas lindas realmente. En el mundo anglosajón existe una vieja tradición de biografía política que aquí no tenemos: nuestras biografías políticas suelen ser hagiografías. Por otra parte, tengo entre manos –otra de las cosas que espero tener tiempo de terminar –algo que comenzó en los ochenta, en un curso que di en México, como un proyecto de estudio de autobiografías de intelectuales del siglo XIX, en la América española. Quería ver cómo, a través de la autobiografía, se va perfilando un intelectual. Empezaba con Fray Servando Teresa de Mier (1765-1827); estaban el Deán Funes, Sarmiento, Alberdi, y José María Samper Agudelo (1828-1889), un colombiano increíble, que escribió un libro deliciosamente cursi, Historia de un alma. Termino con Rubén Darío, en cuya autobiografía es evidente que le interesa más la poesía desde el punto de vista técnico, como un artesano, aunque él cree que lo importante son, diríamos, las obligaciones del poeta”.
Fragmento de la entrevista realizada al historiador Tulio Halperín Donghi por Mariana Canavese e Ivana Costa, publicada en el Suplemento Ñ del diario Clarín, el 23 de febrero de 2008 (Link: www.revistaenie.clarin.com/notas/2008/02/23/01613060.html-).
¿Quién es Halperín?
"¿Quién es Halperín? (...) El agudo historiador que supo penetrar en habitaciones secretas del archivo. El emigrado que en la distancia alcanza una lucidez triste y serena. El elegante animador de veladas selectas. El tenaz antihéroe moderno, convertido por ello en héroe posmoderno. El oráculo que –en irónico enigma – enuncia la verdad para quien sepa la cifra. (...) El delicado equilibrio entre dandismo y nihilismo. El viejo gorila."
Tulio Halperin Donghi visto por Ignacio Lewckowicz, en la antología Discutir Halperin (El cielo por asalto, 1997).
"A Luis Alberto Romero se le había ocurrido que hiciera unos diálogos con Jorge Lafforgue, al estilo de los que su padre había hecho con Félix Luna. Pero, pronto nos dimos cuenta de que no iban a ninguna parte: creíamos que uno sólo se sienta y dialoga, y al terminar, los manda a imprenta. El editor me había sugerido tomar como modelo los diálogos de Roland Barthes; pero es claro que ese diálogo nunca existió: son largas frases todas bien armadas; en cambio, uno veía lo nuestro y decía: 'Esto va directo a la basura. Entonces me pidieron un texto de apertura y descubrí que podía escribir de otra manera: empecé a escribir realmente mis memorias de infancia, que salían con gran fluidez; después las del Colegio Nacional... Eso se transformó en dos cosas: una historia de una infancia en Buenos Aires en los años treinta, en una familia inmigrante por ambos lados (judía y católica); y un relato de la experiencia del primer peronismo. Pero a medida que me acercaba al presente, me di cuenta de que no podía seguir así: cuando llega la madurez uno empieza: 'Y entonces di una conferencia en tal lado; un curso en tal otro...'. Les pasa a las biografías: empiezan muy interesantes y se ponen muy aburridas, y a mí me resultaba cada vez más difícil mantener el tono; si seguía así iba a terminar totalmente afectado. Así que termina con la Revolución Libertadora, en 1955".
-¿Lee autobiografías?
-Algunas. Biografías, sobre todo, que es una cosa de la vejez. Las biografías, en cierta medida, son la historia sin sus problemas; y hay algunas lindas realmente. En el mundo anglosajón existe una vieja tradición de biografía política que aquí no tenemos: nuestras biografías políticas suelen ser hagiografías. Por otra parte, tengo entre manos –otra de las cosas que espero tener tiempo de terminar –algo que comenzó en los ochenta, en un curso que di en México, como un proyecto de estudio de autobiografías de intelectuales del siglo XIX, en la América española. Quería ver cómo, a través de la autobiografía, se va perfilando un intelectual. Empezaba con Fray Servando Teresa de Mier (1765-1827); estaban el Deán Funes, Sarmiento, Alberdi, y José María Samper Agudelo (1828-1889), un colombiano increíble, que escribió un libro deliciosamente cursi, Historia de un alma. Termino con Rubén Darío, en cuya autobiografía es evidente que le interesa más la poesía desde el punto de vista técnico, como un artesano, aunque él cree que lo importante son, diríamos, las obligaciones del poeta”.
Fragmento de la entrevista realizada al historiador Tulio Halperín Donghi por Mariana Canavese e Ivana Costa, publicada en el Suplemento Ñ del diario Clarín, el 23 de febrero de 2008 (Link: www.revistaenie.clarin.com/notas/2008/02/23/01613060.html-).
¿Quién es Halperín?
"¿Quién es Halperín? (...) El agudo historiador que supo penetrar en habitaciones secretas del archivo. El emigrado que en la distancia alcanza una lucidez triste y serena. El elegante animador de veladas selectas. El tenaz antihéroe moderno, convertido por ello en héroe posmoderno. El oráculo que –en irónico enigma – enuncia la verdad para quien sepa la cifra. (...) El delicado equilibrio entre dandismo y nihilismo. El viejo gorila."
Tulio Halperin Donghi visto por Ignacio Lewckowicz, en la antología Discutir Halperin (El cielo por asalto, 1997).
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lunes, 4 de enero de 2010
Prosa y prosa poética... dos opciones para el escritor
Existen muchas variantes para escribir un relato autobiográfico en prosa. Las obras de Jorge Luis Borges y Olga Orozco ofrecen un interesante contraste. Borges, para contar su vida, recurre a un texto despoblado de imágenes y recursos estilísticos, parco en adjetivos, casi informativo. En cambio, Orozco elige una prosa poética, que al mismo tiempo que narra persigue transmitir sensaciones, impresiones y visiones de su mundo.
En An autobiographical essay (entrada del 28 de diciembre de 2009), Borges se propuso narrar los hechos destacados de su vida. Lo hizo con una prosa directa, clara, cuidada y despojada de artificios.
Su sintaxis (en estos párrafos y en toda su narrativa) se caracteriza por sus oraciones casi siempre breves. Los escasos períodos extensos están fragmentados por comas que le permiten una acumulación semántica, con la que persigue aclarar o destacar una idea y enriquecer lo expuesto, pero se ajustan escrupulosamente a lo que quiere decir.
Los adjetivos empleados por Borges son relativamente escasos (como contraparte, se observa en ciertas obras el uso reiterado de algunos), no intentan calificar la realidad o determinarla, sino señalarla de manera abstracta o individualizarla. Sin embargo, a medida que transcurrieron los años su narrativa se despoja de ellos, hasta llegar a una austeridad en la que los sustantivos emergen desnudos en el texto.
Para el racional Borges, el mundo se presenta como un espacio mágico donde todo puede acontecer, en el que generalmente la mano oscura de un dios incomprensible promueve cambios sin sentido. Esta idea se refleja en sus escritos y también está presente en su vida: “pero por superstición no quise entrar. ‘No hasta que consiga el trabajo’, dije”.
El cuidado y pulido español de Jorge Luis Borges, en cuanto a búsqueda de sobriedad, precisión y universalismo, también se observa en Olga Orozco.
En Relámpagos de lo invisible (entrada del 23 de diciembre de 2009), ella narra los recuerdos de su infancia, a tal punto están potenciados por la poesía que destilan, que parecería que predomina lo poético sobre la intención de contar. El tono elegíaco tiñe el espacio paradisíaco de su niñez y su hogar que evoca con nostalgia. A eso se suma la sutil incrustación de lo mágico, de lo maravilloso, en lo cotidiano. Aquí, y en otras obras, sus recuerdos están plagados de prodigios vividos, soñados o augurados.
Olga Orozco, ya en sus primeros poemas, tiene una voz propia, definida, neorromántica y surrealista, una estructura poética límpida y ritmos envolventes. Su prosa poética no es otra cosa que poesía sin métrica ni rima. Sus elaboradas y singulares imágenes no caen en lo rebuscado, tampoco en lo cursi o el lugar común. Al compartir su mirada mágica del mundo y la belleza de los sentimientos que la embargan, cautiva, emociona y enmudece al lector. Su estilo personal y directo, y el tono oracular que lo caracteriza, se despega de lo terreno y eleva a quien se adentra en el texto que encierra la interioridad de la autora.
Mecha Carreira.
En An autobiographical essay (entrada del 28 de diciembre de 2009), Borges se propuso narrar los hechos destacados de su vida. Lo hizo con una prosa directa, clara, cuidada y despojada de artificios.
Su sintaxis (en estos párrafos y en toda su narrativa) se caracteriza por sus oraciones casi siempre breves. Los escasos períodos extensos están fragmentados por comas que le permiten una acumulación semántica, con la que persigue aclarar o destacar una idea y enriquecer lo expuesto, pero se ajustan escrupulosamente a lo que quiere decir.
Los adjetivos empleados por Borges son relativamente escasos (como contraparte, se observa en ciertas obras el uso reiterado de algunos), no intentan calificar la realidad o determinarla, sino señalarla de manera abstracta o individualizarla. Sin embargo, a medida que transcurrieron los años su narrativa se despoja de ellos, hasta llegar a una austeridad en la que los sustantivos emergen desnudos en el texto.
Para el racional Borges, el mundo se presenta como un espacio mágico donde todo puede acontecer, en el que generalmente la mano oscura de un dios incomprensible promueve cambios sin sentido. Esta idea se refleja en sus escritos y también está presente en su vida: “pero por superstición no quise entrar. ‘No hasta que consiga el trabajo’, dije”.
El cuidado y pulido español de Jorge Luis Borges, en cuanto a búsqueda de sobriedad, precisión y universalismo, también se observa en Olga Orozco.
En Relámpagos de lo invisible (entrada del 23 de diciembre de 2009), ella narra los recuerdos de su infancia, a tal punto están potenciados por la poesía que destilan, que parecería que predomina lo poético sobre la intención de contar. El tono elegíaco tiñe el espacio paradisíaco de su niñez y su hogar que evoca con nostalgia. A eso se suma la sutil incrustación de lo mágico, de lo maravilloso, en lo cotidiano. Aquí, y en otras obras, sus recuerdos están plagados de prodigios vividos, soñados o augurados.
Olga Orozco, ya en sus primeros poemas, tiene una voz propia, definida, neorromántica y surrealista, una estructura poética límpida y ritmos envolventes. Su prosa poética no es otra cosa que poesía sin métrica ni rima. Sus elaboradas y singulares imágenes no caen en lo rebuscado, tampoco en lo cursi o el lugar común. Al compartir su mirada mágica del mundo y la belleza de los sentimientos que la embargan, cautiva, emociona y enmudece al lector. Su estilo personal y directo, y el tono oracular que lo caracteriza, se despega de lo terreno y eleva a quien se adentra en el texto que encierra la interioridad de la autora.
Mecha Carreira.
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lunes, 28 de diciembre de 2009
Jorge Luis Borges dicta su vida en inglés a un traductor...
Fragmento de An autobiographical essay.
"Dos amigas muy queridas, Esther Zemborain de Torres y Victoria Ocampo, concibieron la posibilidad de que se me nombrara director de la Biblioteca Nacional. Pensé que era un disparate: esperaba como mucho que me dieran la dirección de una pequeña biblioteca de barrio, preferentemente por el sur de la ciudad. En el curso de un día firmaron una petición la revista “Sur” (léase Victoria Ocampo), la reabierta S.A.D.E. (léase Carlos Alberto Erro), la Sociedad Argentina de Cultura Inglesa (léase Carlos del Campillo) y el Colegio Libre de Estudios Superiores (léase Luis Reissig). El documento llegó al despacho del ministro de Educación y terminé siendo nombrado por el general Eduardo Lonardi, que era el Presidente provisional.
Unos días antes, de noche, mi madre y yo habíamos caminado hasta la Biblioteca para mirar el edificio, pero por superstición no quise entrar. “No hasta que consiga el trabajo”, dije. Esa misma semana me llamaron para que tomara posesión del cargo. Mi familia estuvo presente en la ceremonia y pronuncié un discurso para los empleados, diciéndoles que de verdad yo era el Director, el increíble Director. Al mismo tiempo, José Edmundo Clemente, que unos años antes había logrado convencer a Emecé de que publicara una edición de mis obras, se convirtió en subdirector. Desde luego que me sentía muy importante, pero durante los tres meses siguientes no cobramos el sueldo. No creo que mi predecesor, un peronista, haya sido siquiera despedido de manera oficial. Sencillamente no volvió por la Biblioteca. Me designaron en el cargo, pero nunca se ocuparon de echar al que lo había ocupado antes.
Al año siguiente recibí una nueva satisfacción, al ser designado en la cátedra de Literatura inglesa y norteamericana de la Universidad de Buenos Aires. Otros candidatos habían enviado minuciosos informes de sus traducciones, artículos, conferencias y demás logros. Yo me limité a la siguiente declaración: Sin darme cuenta me estuve preparando para este puesto toda mi vida. Esa sencilla propuesta surtió efecto. Me contrataron y pasé doce años felices en la Universidad".
Este relato en primera persona pertenece a Jorge Luis Borges, pero las palabras no son exactamente las de él. En 1970, le dictó en inglés su autobiografía a Norman Thomas di Giovanni (su traductor). An autobiographical essay, y su traducción al castellano aparecida en 1998, es muy borgeano: un escritor argentino dicta su vida en inglés a un traductor. Lo que el traductor escribe debe, a su vez, ser traducido a la lengua del escritor. El traductor del traductor es Marcial Souto.
"Dos amigas muy queridas, Esther Zemborain de Torres y Victoria Ocampo, concibieron la posibilidad de que se me nombrara director de la Biblioteca Nacional. Pensé que era un disparate: esperaba como mucho que me dieran la dirección de una pequeña biblioteca de barrio, preferentemente por el sur de la ciudad. En el curso de un día firmaron una petición la revista “Sur” (léase Victoria Ocampo), la reabierta S.A.D.E. (léase Carlos Alberto Erro), la Sociedad Argentina de Cultura Inglesa (léase Carlos del Campillo) y el Colegio Libre de Estudios Superiores (léase Luis Reissig). El documento llegó al despacho del ministro de Educación y terminé siendo nombrado por el general Eduardo Lonardi, que era el Presidente provisional.
Unos días antes, de noche, mi madre y yo habíamos caminado hasta la Biblioteca para mirar el edificio, pero por superstición no quise entrar. “No hasta que consiga el trabajo”, dije. Esa misma semana me llamaron para que tomara posesión del cargo. Mi familia estuvo presente en la ceremonia y pronuncié un discurso para los empleados, diciéndoles que de verdad yo era el Director, el increíble Director. Al mismo tiempo, José Edmundo Clemente, que unos años antes había logrado convencer a Emecé de que publicara una edición de mis obras, se convirtió en subdirector. Desde luego que me sentía muy importante, pero durante los tres meses siguientes no cobramos el sueldo. No creo que mi predecesor, un peronista, haya sido siquiera despedido de manera oficial. Sencillamente no volvió por la Biblioteca. Me designaron en el cargo, pero nunca se ocuparon de echar al que lo había ocupado antes.
Al año siguiente recibí una nueva satisfacción, al ser designado en la cátedra de Literatura inglesa y norteamericana de la Universidad de Buenos Aires. Otros candidatos habían enviado minuciosos informes de sus traducciones, artículos, conferencias y demás logros. Yo me limité a la siguiente declaración: Sin darme cuenta me estuve preparando para este puesto toda mi vida. Esa sencilla propuesta surtió efecto. Me contrataron y pasé doce años felices en la Universidad".
Este relato en primera persona pertenece a Jorge Luis Borges, pero las palabras no son exactamente las de él. En 1970, le dictó en inglés su autobiografía a Norman Thomas di Giovanni (su traductor). An autobiographical essay, y su traducción al castellano aparecida en 1998, es muy borgeano: un escritor argentino dicta su vida en inglés a un traductor. Lo que el traductor escribe debe, a su vez, ser traducido a la lengua del escritor. El traductor del traductor es Marcial Souto.
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traducción
miércoles, 23 de diciembre de 2009
"Anotaciones para una autobiografía", de Olga Orozco
Fragmento de Relámpagos de lo invisible.
"Con sol en Piscis y ascendente en Acuario, y un horóscopo de estratega en derrota y enamorada trágica, nací en Toay (La Pampa), y salí sollozando al encuentro de temibles cuadraturas y ansiadas conjunciones que aún ignoraba. (...) Toay es un lugar de médanos andariegos, de cardos errantes, de mendigas con collares de abalorios, de profetas viajeros y casas que desatan sus amarras y se dejan llevar, a la deriva, por el viento alucinado. (...) Desde muy pequeña me acosaron las gitanas, los emisarios de otros mundos que dejaban mensajes cifrados debajo de mi almohada, el basilisco, las fiebres persistentes y los ladrones de niños, que a veces llegaban sin haberse ido. Fui creciendo despacio, con gran prolijidad, casi con esmero, y alcancé las fantásticas dimensiones que actualmente me impiden salir de mi propia jaula. Me alimenté con triángulos rectángulos, bebí estoicamente el aceite hirviendo de las invasiones inglesas, devoré animales mitológicos y me bañe varias veces en el mismo río. Esta última obstinación me lanzó a una fe sin fronteras. (...) No tengo descendientes. Mi historia está en mis manos y en las manos con que otros la tatuaron. Mi heredad son algunas posesiones subterráneas que desembocan en las nubes. Circulo por ellas en berlina con algún abuelo enmascarado entre manadas de caballos blancos y paisajes giratorios como biombos. Algunas veces un tren atraviesa mi cuarto y debo levantarme a deshoras para dejarlo pasar. En la última ventanilla está mi madre y me arroja un ramito de nomeolvides. ¿Qué más puedo decir? Creo en Dios, en el amor, en la amistad. Me aterran las esponjas que absorben el sol, el misterioso páncreas y el insecto perverso. Mis amigos me temen porque creen que adivino el porvenir. A veces me visitan gentes que no conozco y que me reconocen de otra vida anterior. ¿Qué más puedo decir? ¿Que soy rica, rica con la riqueza del carbón dispuesto a arder? ".
Nada hay más indefenso que la dicha
Fragmento de la entrevista de Marco Antonio Campos a Olga Orozco, publicada en el diario La Jornada, (31 de enero de 1999).
—Usted ha dicho que, pese a todo, contra todo, el amor es lo más grande en la tierra. En sus "Anotaciones para una autobiografía" dejó escrito: "Creo en Dios, en el amor, en la amistad".
—No sólo el amor pasión sino el amor en todas sus manifestaciones: el amor religioso, el amor amistoso, el amor filial, el amor a los objetos, el amor a los animales...
—En buena parte de su poesía parece estar usted vestida de angustia, perseguida por fantasmas, acosada por sombras, con un pie en el despeñadero. Un mundo de lenta pero segura destrucción.
—Pero siempre hay una última salvación que es esperanzada. No la esperanza en sí misma necesariamente, pero sí, al final, una esperanza religiosa. Cuando yo era muy chica mi abuela me enseñó que en el fondo de todo hay un jardín. En ese jardín de mi infancia que ella me creó he sido muy feliz. Porque yo era una criatura muy tímida, medrosa y llena de inquietudes. Además, como los mayores no podían contestarme de un modo satisfactorio las preguntas que les formulaba porque eran muy complejas y no tenían verdadera respuesta, las inquietudes iban en aumento. Entonces empecé a respondérmelas yo misma y creo que todo eso, de ese jardín y esas preguntas, nació mi poesía.
"Con sol en Piscis y ascendente en Acuario, y un horóscopo de estratega en derrota y enamorada trágica, nací en Toay (La Pampa), y salí sollozando al encuentro de temibles cuadraturas y ansiadas conjunciones que aún ignoraba. (...) Toay es un lugar de médanos andariegos, de cardos errantes, de mendigas con collares de abalorios, de profetas viajeros y casas que desatan sus amarras y se dejan llevar, a la deriva, por el viento alucinado. (...) Desde muy pequeña me acosaron las gitanas, los emisarios de otros mundos que dejaban mensajes cifrados debajo de mi almohada, el basilisco, las fiebres persistentes y los ladrones de niños, que a veces llegaban sin haberse ido. Fui creciendo despacio, con gran prolijidad, casi con esmero, y alcancé las fantásticas dimensiones que actualmente me impiden salir de mi propia jaula. Me alimenté con triángulos rectángulos, bebí estoicamente el aceite hirviendo de las invasiones inglesas, devoré animales mitológicos y me bañe varias veces en el mismo río. Esta última obstinación me lanzó a una fe sin fronteras. (...) No tengo descendientes. Mi historia está en mis manos y en las manos con que otros la tatuaron. Mi heredad son algunas posesiones subterráneas que desembocan en las nubes. Circulo por ellas en berlina con algún abuelo enmascarado entre manadas de caballos blancos y paisajes giratorios como biombos. Algunas veces un tren atraviesa mi cuarto y debo levantarme a deshoras para dejarlo pasar. En la última ventanilla está mi madre y me arroja un ramito de nomeolvides. ¿Qué más puedo decir? Creo en Dios, en el amor, en la amistad. Me aterran las esponjas que absorben el sol, el misterioso páncreas y el insecto perverso. Mis amigos me temen porque creen que adivino el porvenir. A veces me visitan gentes que no conozco y que me reconocen de otra vida anterior. ¿Qué más puedo decir? ¿Que soy rica, rica con la riqueza del carbón dispuesto a arder? ".
Nada hay más indefenso que la dicha
Fragmento de la entrevista de Marco Antonio Campos a Olga Orozco, publicada en el diario La Jornada, (31 de enero de 1999).
—Usted ha dicho que, pese a todo, contra todo, el amor es lo más grande en la tierra. En sus "Anotaciones para una autobiografía" dejó escrito: "Creo en Dios, en el amor, en la amistad".
—No sólo el amor pasión sino el amor en todas sus manifestaciones: el amor religioso, el amor amistoso, el amor filial, el amor a los objetos, el amor a los animales...
—En buena parte de su poesía parece estar usted vestida de angustia, perseguida por fantasmas, acosada por sombras, con un pie en el despeñadero. Un mundo de lenta pero segura destrucción.
—Pero siempre hay una última salvación que es esperanzada. No la esperanza en sí misma necesariamente, pero sí, al final, una esperanza religiosa. Cuando yo era muy chica mi abuela me enseñó que en el fondo de todo hay un jardín. En ese jardín de mi infancia que ella me creó he sido muy feliz. Porque yo era una criatura muy tímida, medrosa y llena de inquietudes. Además, como los mayores no podían contestarme de un modo satisfactorio las preguntas que les formulaba porque eran muy complejas y no tenían verdadera respuesta, las inquietudes iban en aumento. Entonces empecé a respondérmelas yo misma y creo que todo eso, de ese jardín y esas preguntas, nació mi poesía.
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