martes, 27 de mayo de 2014

Pedro Orgambide (1929-2003) y algunos recuerdos de su infancia

"La Boca, en efecto, es para mí en buena medida la fascinación del carnavalismo, una característica de muchos de mis cuentos y novelas. Un día de 1936, en el aniversario de la fundación de Buenos Aires, desde unas carabelas obviamente ficticias bajaron por la Boca unos señores con yelmo y coraza. Alguien me dijo: "Vienen a fundar la ciudad". Y me hice otro lío: ¿cómo van a fundarla, si ya está? Tampoco entendía que la gente hablara en argentino, pero con tonada de otro idioma; ni sabía de algo llamado cocoliche. De joven admiraba a esos compadres de Ruggierito que recorrían cadenciosos las cortadas boquenses; mi familia los odiaba, pero para mí eran los varones del tango. Aunque, según el barrio donde viviera, también admiré a los pitucos que usaban pantalones Oxford, palm-beachs, sombreros Panamá y bigotitos. Aún hoy tengo la sensación de ver, por un lado, un corralón y un hombre muy alto en el pescante; y por otro, un petit hotel en Palermo Chico con terrazas donde mis tías bailan al compás de la orquesta La Continental."


FRAGMENTO DE UNA ENTREVISTA REALIZADA POR GUILLERMO MAYR
LINK: http://eljineteinsomne2.blogspot.com.ar/2010/03/pedro-orgambide-literatura-me-salva-de.html

martes, 15 de abril de 2014

Manuel Mujica Lainez responde a las preguntas...

¿Cuál fue el clima intelectual de su casa y su infancia? ¿Se apoyó o se desalentó su inclinación literaria?

Tengo la suerte de proceder, por el lado materno, de una familia en la cual brillaron los hombres de pensamiento. Mi abuelo Bernabé Lainez fue periodista en El País, de mi madre fueron Manuel Lainez, director de El Diario y el Perito Moreno. Su abuelo Rufino Varela, fue asimismo periodista, como sus hermanos Héctor, Mariano, y Luis V., aparte de los altos cargos oficiales que todos desempeñaron. Primo hermano de ellos y también de mi abuelo Lainez, fue Miguel Cané. Florencio Varela es mi tatarabuelo, el poeta Juan Cruz era su hermano; el poeta Luis Domínguez, su cuñado. A estas influencias debo agregar la de mi padre, Manuel Mújica Darías, abogado, quien desde muchacho sobresalió por sus discursos. Si a ello se añade, finalmente, que tanto mi abuela, Justa Varela de Lainez, como mi madre y mis tías, desde mi más lejana niñez no cesaron de narrarme anécdotas vinculadas con la historia de mis mayores, entre los que abundaron, junto a los personajes ilustres, los pintorescos, se deducirá que crecí en un medio espiritual en el que todo se conjugaba para facilitar una vocación que, como antes dije, se manifestó siendo yo muy niño.

A la edad de trece años me llevaron a Europa, y estuvimos allí hasta que había cumplido los dieciséis. Aquella época fue extraordinariamente fecunda para mi formación. Aprendía a leer y gustar de los clásicos franceses e ingleses, en la Ecole Descartes, de París, y en Londres, donde mi hermano y yo, junto con otros chicos, tuvimos un tutor. Poco después de nuestro regreso, tuvo lugar, en el Teatro Cervantes, una de las “Fiestas de la Poesía”, que mi tía Pepita Lainez organizaba a beneficio de sus obras de caridad, con la colaboración de escritores, pintores y gente joven de la sociedad tradicional porteña. Conocí entonces a Alfonsina Storni, que me trató muy bondadosamente, a Pedro Miguel Obligado, a Capdevila, A González Carbalho, a Margarita Abella Caprile, etc.


Hubo un poeta hoy olvidado, Héctor M. Irusta, que solía llevarme a oír conferencias. Algo más tarde nació mi amistad con Adolfo Bioy Casares, con Silvina Ocampo, con Borges, con Girri, con Silvina Bullrich. Asimismo, algunos años más adelante, traté al admirable Xul Solar y a la espléndida Victoria Ocampo, a quien tanto he querido. Nunca he pertenecido a ninguna “capilla literaria”. He sido, sí, vicepresidente de la SADE, cuando Borges la presidía, y miembro de su comisión, bajo la presidencia de Martínez Estrada.



REPORTAJE A MANUEL MUJICA LAINEZ
De la "Encuesta a Escritores Argentinos Contemporáneos"

(C) 1982 Centro Editor de América 

viernes, 6 de diciembre de 2013

El corazón de Frida, una original autobiografía

Una colección de treinta y siete notas, cartas, y seis dibujos de Frida Kahlo se mostraron por primera vez,entre 2006 y 2007. 

Estos documentos autobiográficos fueron descubiertas dentro de una caja tradicional de Michoacán laqueada, con las iniciales FK, talladas sobre la parte exterior de la tapa, y Coyoacán Frida Kahlo 1950 escrito a mano en su interior.
Dentro de la caja se encontraban tres tipos de correspondencia: cartas, notas y postales.
Habían ocho cartas manuscritas de Frida en sobres destinados a ella misma en Coyoacán, su lugar de nacimiento. Estas cartas detallan sus pensamientos más íntimos acerca de su marido, el famoso muralista mexicano Diego Rivera.
La caja también contenía veintisiete notas escritas por Frida Kahlo sobre papel de cuaderno amarillo que detallan su relación con Diego Rivera, su posición política, y su extraordinario heroísmo al encarar el dolor y  la aproximación de su muerte. Estas cartas y notas fueron escritas entre 1950 y 1954.

domingo, 13 de octubre de 2013

La escritura automática, un recurso para que fluyan las palabras..., y los recuerdos

El Surrealismo propone para la creación poética la "escritura automática". Pero ésta no es privativa de la poesía, también se puede recurrir a ella para dejar fluir el propio pasado sin trabas, para recuperar la memoria.

¿En qué consiste la escritura automática? André Bretón creador del Surrealismo la explica así: "Escribid rápidamente, sin tema preconcebido, bastante deprisa como para no olvidar y no sentir la tentación de releeros. La frase vendrá por sí sola, pues es verdad que, en cada segundo, hay una frase extraña a nuestro pensamiento consciente, que sólo pide expresarse". 

Octavio Paz relata su experiencia: 

"Escribí ¿ Águila o sol? entre 1949 y 1950. Me parece ser el libro mío más cercano al surrealismo. En casi todos esos textos está, más o menos presente, el automatismo. Nunca me entregué totalmente a la escritura automática. El libro es una especie de mezcla de surrealismo y preocupación por el mundo precolombino. 
"Fue una exploración del subsuelo mítico de México y una autoexploración de mi propio subsuelo.

"Dama huasteca

Ronda por las orillas, desnuda, saludable, recién salida del baño, recién salida de la noche. En su pecho arden joyas arrancadas al verano. Cubre su sexo la yerba lacia, la yerba azul, casi negra, que crece en los bordes del volcán. En su vientre un águila despliega sus alas, dos banderas enemigas se enlazan, reposa el agua. 
Viene de lejos, del país húmedo. Pocos la han visto. Diré su secreto: de día, es una piedra al lado del camino; de noche, un río que fluye al costado del hombre".

jueves, 15 de agosto de 2013

¿Qué es una autobiografía?

La autobiografía es la biografía escrita por el mismo personaje, en primera persona y sin ayuda exterior. Están los diarios íntimos que escribe un autor con el propósito de desahogarse y sin ninguna regularidad cronológica. Dentro del género autobiográfico pueden incluirse los diarios, en los que una persona registra los hechos de su vida con una cierta periodicidad, y los epistolarios o colecciones de cartas escritas por un autor, que a veces pueden incluir también las que recibió. Los libros de viajes suelen contener abundantes elementos autobiográficos, muchas veces ceñidos a la subjetiva interpretación de los hechos.

jueves, 20 de junio de 2013

Autobiografia de Rodolfo Walsh (*)

Me llaman Rodolfo Walsh. Cuando chico, ese nombre no terminaba de convencerme: pensaba que no me serviría, por ejemplo, para ser presidente de la República. Mucho después descubrí que podía pronunciarse como dos yambos aliterados, y eso me gustó.


Nací en Choele-Choel, que quiere decir "corazón de palo". Me ha sido reprochado por varias mujeres.
Mi vocación se despertó tempranamente: a los ocho años decidí ser aviador. Por una de esas confusiones, el que la cumplió fue mi hermano. Supongo que a partir de ahí me quedé sin vocación y tuve muchos oficios. El más espectacular: limpiador de ventanas; el más humillante: lavacopas; el más burgués: comerciante de antiguedades; el más secreto: criptógrafo en Cuba.
Mi padre era mayordomo de estancia, un transculturado al que los peones mestizos de Río Negro llamaban Huelche. Tuvo tercer grado, pero sabía bolear avestruces y dejar el molde en la cancha de bochas. Su coraje físico sigue pareciéndome casi mitológico. Hablaba con los caballos. Uno lo mató, en 1947, y otro nos los dejó como única herencia. Este se llamaba "Mar Negro", y marcaba dieciséis segundos en los trescientos: mucho caballo para ese campo. Pero esta ya era zona de la desgracia, provincia de Buenos Aires.
Tengo una hermana monja y dos hijas laicas.
Mi madre vivió en medio de cosas que no amaba: el campo, la pobreza. En su implacable resistencia resultó más valerosa, y durable, que mi padre. El mayor disgusto que le causo es no haber terminado mi profesorado en letras.
Mis primeros esfuerzos literarios fueron satíricos, cuartetas alusivas a maestros y celadores de sexto grado. Cuando a los diecisiete años dejé el Nacional y entré en una oficina, la inspiración seguía viva, pero había perfeccionado el método: ahora armaba sigilosos acrósticos.
La idea más perturbadora de mi adolescencia fue ese chiste idiota de Rilke: Si usted piensa que puede vivir sin escribir, no debe escribir. Mi noviazgo con una muchacha que escribía incomparablemente mejor que yo me redujo a silencio durante cinco años. Mi primer libro fueron tres novelas cortas en el género policial, del que hoy abomino. Lo hice en un mes, sin pensar en la literatura, aunque sí en la diversión y el dinero. Me callé durante cuatro años más, porque no me consideraba a la altura de nadie. Operación masacre cambió mi vida. Haciéndola, comprendí que, además de mis perplejidades íntimas, existía un amenazante mundo exterior. Me fui a Cuba, asistí al nacimiento de un orden nuevo, contradictorio, a veces épico, a veces fastidioso. Volví, completé un nuevo silencio de seis años.
En 1964 decidí que de todos mis oficios terrestres, el violento oficio de escritor era el que más me convenía. Pero no veo en eso una determinación mística. En realidad, he sido traído y llevado por los tiempos; podría haber sido cualquier cosa, aun ahora hay momentos en que me siento disponible para cualquier aventura, para empezar de nuevo, como tantas veces.

En la hipótesis de seguir escribiendo, lo que más necesito es una cuota generosa de tiempo. Soy lento, he tardado quince años en pasar del mero nacionalismo a la izquierda; lustros en aprender a armar un cuento, a sentir la respiración de un texto; sé que me falta mucho para poder decir instantáneamente lo que quiero, en su forma óptima; pienso que la literatura es, entre otras cosas, un avance laborioso a través de la propia estupidez.


(*) Texto extraído del libro “Periodistas desaparecidos”,  UTPBA

lunes, 27 de mayo de 2013

Siete consejos de Stephen King


Los consejos de los escritores de éxito -que parten de su experiencia cotidiana- son lecciones muy valiosas sobre la profesión, que todo escritor debe conocer. ¿Cuáles son los consejos de Stephen King?


1) Ve al grano.

No pierdas el tiempo de tus lectores con explicaciones sobre el trasfondo de la historia, largas introducciones o más largas anécdotas. Reduce el ruido. Reduce los balbuceos.Vete al grano antes de que el lector pierda la paciencia.


2) Escribe el borrador. Después déjalo descansar.

Escribe un borrador y a continuación déjalo reposar en un cajón durante unos meses antes de volver a leerlo. Después de esa lectura, todavía debes dejar reposar el manuscrito un par de días antes de empezar a corregirlo.

Este modo de trabajar  te permitirá alejarte de las ideas que tenías cuando empezaste a trabajar en la historia, lo que te dará una perspectiva más clara y objetiva del texto. Eso te facilitará corregir, añadir o cortar (incluso ser implacable) y dará como resultado un texto mejor.


3) Reduce el texto.

Al revisar el texto es el momento de eliminar todas las palabras y frases superfluas. De este modo el mensaje ganará en claridad y seguramente en fuerza emotiva.

Eso sí, no elimines demasiado texto o puedes lograr el efecto contrario en su lugar. Lo ideal, como aprendí gracias a una carta de rechazo, es reducir el texto en torno a un 10%.


4) Que tu historia y personajes sean honestos y atraigan.

Por extraña que pueda ser la trama que presentes, no olvides que tus personajes tienen que ser creíbles, normales, reales.

Una de las claves para lograrlo es tener una voz y unos personajes honestos, con lado bueno y lado malo. Esto crea una fuerte conexión con el lector que puede identificarse con sus defectos, pasiones, miedos, debilidades y buenos momentos. Haz que tus personajes sean humanos.

Otra de las claves es mantener un estilo coloquial. Mantén la sencillez y usa un lenguaje que no sea innecesariamente complicado. Usa las palabras que primero te vengan a la mente.


5) No te preocupes demasiado por lo que puedan pensar los demás.

No debe importarte lo que digan tus conocidos, tu familia, tus lectores, los editores que rechazan tus obras o la crítica. Siéntate a tu escritorio cada día y escribe.


6) Lee mucho.

Cuando se lee siempre se cosecha algo. A veces puede ser un recordatorio de lo que sabes que deberías estar haciendo mientras escribes. A veces es una idea genial o simplemente la manera en que el escritor que lees construye la atmósfera de su historia. A veces es algo totalmente nuevo que te deja con la boca abierta. Y a veces se aprende lo que se debe evitar hacer. Casi siempre hay lecciones que podemos aprender.

Si quieres ser un mejor escritor tienes que leer mucho para obtener nuevas ideas, ampliar tus horizontes y profundizar en el conocimiento. Además, para evolucionar como escritor es necesario que mezcles influencias para ver qué pasa.

¿Cómo encontrar tiempo para leer más? Apaga la televisión. Aprovecha cada instante. Lleva siempre un libro encima.


7) Escribe mucho.

He dejado el consejo más importante para el final. Para llegar a ser un mejor escritor seguramente —aunque no suponga una sorpresa— necesitas escribir más. Muchos de los mejores en los diferentes campos —Bruce Springsteen, Michael Jordan o Tiger Woods— han ido más allá de los límites normales de la práctica. Y así han logrado resultados extraordinarios.

Pero  ¿qué hacer cuando no tengo ganas de escribir? Desde luego, aguardar la inspiración puede llegar a ser una larga espera.

Una buena manera de evitar esa falta de ganas es encontrar una solución eficaz para reducir la procrastinación. Es posible que tengas que probar varias antes de encontrar una que funcione contigo. Otra manera es, simplemente, ponerte a escribir. Cuando te acostumbres a hacerlo descubrirás que esa resistencia inicial se convierte en entusiasmo.



martes, 7 de mayo de 2013

Dickens edita a Dickens

La implacable tarea de corregir


Dickens edita a Dickens, es el el título de la nota que apareció en el New York Times (on line) del 1 de diciembre de 2009.
Gracias a ella, se puede acceder a la versión manuscrita (on line) de A Christmas Carol, del escritor inglés Charles Dickens. En ese texto se puede apreciar el minucioso trabajo de corrección que realizó el autor a su obra.
Es un "bocadillo" para escritores, editores y correctores.
Estos son los links de la nota:

http://documents.nytimes.com/looking-over-the-shoulder-of-charles-dickens-the-man-who-wrote-of-a-christmas-carol#p=1

http://cityroom.blogs.nytimes.com/2009/12/01/a-christmas-rewrite-as-dickens-edits-dickens/?hp

Una discreta autobiografía


Al ensayo "Cartas a un joven novelista", Mario Vargas Llosa lo define así: "Se trata, pues, de un libro muy personal y, en cierto modo, de una discreta autobiografía".   

Querido amigo:
Su carta me ha emocionado, porque, a través de ella, me he visto yo mismo a mis catorce o quince años, en la grisácea Lima de la dictadura del general Odría, exaltado con la ilusión de llegar a ser algún día un escritor, y deprimido por no saber qué pasos dar, por dónde comenzara cristalizar en obras esa vocación que sentía como un mandato perentorio: escribir historias que deslumbraran a sus lectores como me habían deslumbrado a mí las de esos escritores que empezaba a instalar en mi panteón privado: Faulkner, Hemingway, Malraux, Dos Passos, Camus, Sartre.


Muchas veces se me pasó por la cabeza la idea de escribir a alguno de ellos (todos estaban vivos entonces) y pedirle una orientación sobre cómo ser un escritor. Nunca me atreví a hacerlo, por timidez, o, acaso, por ese pesimismo inhibitorio —¿para qué escribirles, si sé que ninguno se dignará contestarme?— que suele frustrar las vocaciones de muchos jóvenes en países donde la literatura no significa gran cosa para la mayoría y sobrevive en los márgenes de la vida social, como quehacer casi clandestino.

jueves, 7 de febrero de 2013

¿Escribir con mapa o con brújula?


El proceso de escritura de una novela es una tarea muy personal, y por eso cada escritor tiene su método o su manera de trabajar con la palabra, la trama, los personajes...
Javier Marías relata en este video parte del proceso de creación de su novela "Los enamoramientos" (Alfaguara) y explica su original teoría sobre ser un escritor con mapa o con brújula.

http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/2011/12/los-enamoramientos-de-marias-mejor-libro-de-2011.html


jueves, 14 de junio de 2012

Retrato de una generación

Jorge Fernández Díaz habla de su novela Fernández, en la que cuenta la historia de un periodista de cuarenta años, desencantado y, a la vez, nostálgico de las luchas ideológicas. Al narrar esa vida, pinta un fresco descarnado de la generación de quienes dejaban la adolescencia en la década del ochenta.



"Ese escepticismo que es un escudo, también es un salitre. No se puede vivir sin ideales, sin certezas. Esa falta de certidumbres no es patrimonio únicamente de los argentinos: es un rasgo común de los hombres y mujeres del mundo occidental nacidos en los años 60. Lo que cuento en mi libro es el vacío posmoderno. Creemos en verdades superpuestas. Comprobamos todos los días que detrás de una verdad hay otra y detrás de ésta, otra. Ese vacío, ese baile de máscaras, nos hace tipos de éxito, egoístas, que están muy bien por fuera y muy mal por dentro. La historia de esa generación no ha sido contada nunca. Es como si los que teníamos sueños en la década del 80 no existiéramos, somos una nueva generación perdida. Mamá es una crónica novelada de lo que les pasó a los inmigrantes. Es una novela verídica, periodística, no en vano comienza con una cita de Capote. En Fernández, pensé hacer lo mismo. Pero me di cuenta de que a medida que escribía falseaba las cosas. La crónica, que busca regirse por la verdad, me llevaba a decir mentiras. Entonces pensé que la solución para hablar de mi generación era recurrir a la ficción. La verdad, paradójicamente, iba a surgir de la ficción. Por eso Fernández, en cuanto al género, es una novela. Tomé todos los personajes que conocí, lo que leí, las situaciones por las que pasé, por las que pasaron otros, lo que imaginé y lo que imaginaron otros y, con todo ese material, construí mi libro. Fernández, el narrador, por ejemplo, lleva mi apellido, pero no soy yo, aunque tiene mucho de mí. Responde a los rasgos de muchos hombres de mi generación".



Link de la nota http://www.lanacion.com.ar/793635-la-enfermedad-de-no-creer-en-nada

jueves, 24 de mayo de 2012

No sólo escribir, sino cómo escribir

Cada escritor tiene su estilo, es decir, una forma de expresión que lo distingue y sirve como estampa de su personalidad. Así como distinguimos a nuestros amigos por su forma de reír, caminar o hablar, el estilo literario nos permite identificar las obras con sus autores por la manera en que están escritas.


Según Mario Vargas LLosa ""El estilo es ingrediente esencial, aunque no el único, de la forma novelesca. Las novelas están hechas de palabras, de modo que la manera como un novelista elige y organiza el lenguaje es un factor decisivo para que sus historias tengan o carezcan de poder de persuasión. Ahora bien, el lenguaje novelesco no puede ser disociado de aquello que la novela relata, el tema que se encarna en palabras, porque la única manera de saber si el novelista tiene éxito o fracasa en su empresa narrativa es averiguando si, gracias a su escritura, la ficción vive, se emancipa de su creador y de la realidad real y se impone al lector como una realidad soberana"(*).

 
¿Cuál nos distingue a nosotros? Una clasificación realizada por ABCdigital.

El estilo sobrio: Rechaza todo tipo de recursos literarios que sirven sólo como ornamentación y se limita a exponer los conceptos de forma directa y clara. Este estilo es muy frecuente en las obras de carácter didáctico.

El estilo sencillo: Similar al estilo sobrio, el sencillo busca la claridad ante que complicaciones. Admite los adornos y los elementos poéticos, pero rechaza las exageraciones y los recursos rebuscados.

El estilo elegante: Se caracteriza por otorgar colorido a la obra. Abunda en adornos literarios, en figuras poéticas, en la armonía, etc., pero cuidando el equilibrio de los adornos poéticos.

El estilo florido: Empleo recargado de las imágenes, metáforas y otros recursos poéticos para dar una impresión de vivacidad a la obra y hacerla atractiva, aunque la comprensión exija mayor esfuerzo por parte del receptor.

 El estilo sublime: La excelencia de los pensamientos, la belleza de las imágenes y el buen empleo de los recursos literarios hacen que el estilo sublime tenga un poder extraordinario que arrebata al lector u oyente.

 El estilo jocoso y humorista: El estilo jocoso utiliza los recursos literarios para otorgar un carácter cómico a las producciones. Su finalidad es hacer reír.

 El estilo cortado: El nerviosismo es la nota característica del estilo cortado. Está elaborado con oraciones muy breves y no admite adornos ni rodeos innecesarios. Expresa el pensamiento en forma rápida y pasa de unos pensamientos a otros con rapidez.

 El estilo vivo: Como su nombre dice, es el estilo que comunica vivacidad, animación y alegría. Es divertido y busca recrear al lector pero sin ser jocoso.

 El estilo enérgico: La fuerza y el vigor de la expresión se destacan en el estilo enérgico. Cada oración y cada pensamiento parece que fuese una frase esculpida en una lápida y para la cual no se admitiría ninguna objeción.

 El estilo vehemente: Concede un predominio al impulso de la pasión e incluso de la violencia. Las palabras y las ideas reflejan ese impulso y se precipitan unas tras otras.

El estilo dramático: Al impulso y a la pasión del estilo vehemente, el dramático añade un concepto de oposición entre varias cosas para mantener una actitud de lucha que hace resaltar la idea central.




(*) Fragmento de  "Cartas a un joven novelista", Ariel/Planeta, p. 39.



lunes, 14 de mayo de 2012

¿Por qué escribimos?

Para entender. Para amar. Para que nos quieran. Para saber. Por necesidad. Por dinero. Por costumbre. Para vivir otras vidas y revivir la propia. Para dar testimonio. Estas son las respuestas de algunos escritores.


Cuando le preguntaron a Umberto Eco porqué escribía simplemente dijo: “Porque me gusta”. Y Carlos Fuentes respondió con una pregunta: “¿Por qué respiro?”. En cambio, Rosa Montero y Mario Vargas Llosa dieron otras respuestas.


Rosa Montero: “Escribo porque no puedo detener el constante torbellino de imágenes que me cruza la cabeza, y algunas de esas imágenes me emocionan tanto que siento la imperiosa necesidad de compartirlas. Escribo para tener algo en qué pensar cuando, en la soledad tenebrosa de la duermevela, por la noche, en la cama, antes de dormir, me asaltan los miedos y las angustias. Escribo porque mientras lo hago estoy tan llena de vida que mi muerte no existe: mientras escribo, soy intocable y eterna. Y, sobre todo, escribo para intentar otorgar al Mal y al dolor un sentido que en realidad sé que no tienen”.

Mario Vargas Llosa “Escribo porque aprendí a leer de niño y la lectura me produjo tanto placer, me hizo vivir experiencias tan ricas, transformó mi vida de una manera tan maravillosa que supongo que mi vocación literaria fue como una transpiración, un desprendimiento de esa enorme felicidad que me daba la lectura. En cierta forma la escritura ha sido como el reverso o el complemento indispensable de esa lectura, que para mí sigue siendo la experiencia máxima, la más enriquecedora, la que más me ayuda a enfrentar cualquier tipo de adversidad o frustración. Por otra parte, escribir, que al principio es una actividad que incorporas a tu vida con otros, con el ejercicio se va convirtiendo en tu manera de vivir, en la actividad central, la que organiza absolutamente tu vida. La famosa frase de Flaubert que siempre cito: "Escribir es una manera de vivir". En mi caso ha sido exactamente eso. Se ha convertido en el centro de todo lo que yo hago, de tal manera que no concebiría una vida sin la escritura y, por supuesto, sin su complemento indispensable, la lectura”. Manuel Vicent: “Si esta pregunta se me hubiera formulado hace muchos años, cuando empecé a escribir, mi respuesta habría sido más romántica, más literaria, más estúpida. Probablemente habría contestado que escribía para crear un mundo a mi imagen, para poder leer el libro que no encontraba en mi biblioteca, para no suicidarme, para enamorar a una niña, para influir en la sociedad o tal vez cínicamente porque no servía para nada más, ni siquiera para arreglar un enchufe. Sin olvidar lo que este oficio tiene de vanidad y de narcisismo, a estas alturas de la profesión creo que escribo porque es un trabajo que me gusta, que unas veces me sale bien y otras mal, pero en cualquier caso la literatura ya forma parte de un mismo impulso vital que me sirve para sentirme a gusto todavía en este mundo, sin que espere gran cosa de su resultado”. Andrés Neuman “Escribo porque de niño sentí que la escritura era una forma de curiosidad e ignorancia. Escribo porque la infancia es una actitud. Escribo porque no sé, y no sé por qué escribo. Escribo porque sólo así puedo pensar.


Fragmentos de una nota de Jesús Ruiz Mantilla, publicada en diario EL PAIS, el viernes 21 de enero de 2011.

La esencia desnuda de un escritor

Según Alina Diaconú, la naturaleza de la escritura es tan misteriosa que ni sus propios creadores la pueden explicar, aunque algunos la tomen como un oficio o una profesión. Durante un tiempo  se dedicó a anotar pensamientos que los propios escritores han tenido o tienen acerca de sí mismos, y es interesante observar cómo prácticamente todos manifiestan cosas interesantes, pero que no terminan de esclarecer la magnitud y la complejidad del tema. Algunos testimonios.


Flaubert decía, no desprovisto de cierta pomposidad, que "los libros no se hacen como los niños, sino como las pirámides, con un diseño premeditado y añadiendo grandes bloques uno sobre el otro, a fuerza de riñones, tiempo y sudor". Un libro sería una obra monumental, la culminación de arduos proyectos, esfuerzos y búsqueda de trascendencia.
Hemingway creía que de todas las cosas tal y como existen, de todas las cosas que uno sabe y de todo lo que puede saber, se hace algo a través de la invención, "algo que no es una representación sino una cosa totalmente nueva, más real que cualquier otra cosa verdadera y viva, y uno le da vida, y si se hace lo suficientemente bien, se le da inmortalidad". Hemingway se refería al mundo ficcional, claro, y veía en el autor a una especie de Dios creador de un universo más auténtico que el real y, según sus palabras, inmortal también. Entre nosotros, Sabato tenía esa misma idea de que uno escribía "para eternizar algo: un amor, un acto de heroísmo, un éxtasis" (Abaddón, el exterminador).
Para Graham Greene, la escritura era una forma de terapia, así nos lo hizo saber: "A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan para escapar de la locura, la melancolía, del terror inherente a la condición humana". La literatura, en ese caso, sería un remedio contra la desdicha, ¿pero lo es o lo ha sido realmente? ¡Cuánto sufrimiento se ha visto en la vida de los escritores, tanto que hasta algunos han llegado al suicidio!
Roa Bastos le daba a su tarea un carácter dramático y ciertamente un rol terapéutico a la vocación: "Escribo para evitar que al miedo de la muerte se agregue el miedo a la vida". Recuerdo, a propósito, a Severo Sarduy quien confesaba, sin tapujos, que le temía a todo y que por eso escribía. John Updike tenía, en cambio, una idea mucho más positiva: "La vida es demasiado corta para ser infeliz", expresó una vez.
Marguerite Yourcenar, como gran escritora dedicada sobremanera a transmutar su propia existencia en las novelas históricas, respondió en un reportaje: "Un escritor es aquel que pone en el papel todo acontecimiento que le sucede". En esas palabras también aparece el elemento catártico de la literatura.


Link de la Nota completa: http://www.lanacion.com.ar/1456623-la-esencia-desnuda-de-un-escritor





viernes, 15 de abril de 2011

Los escritores podemos ser un poco la conciencia de las sociedades

Almudena Grandes rescata un episodio de la Guerra Civil española del año 1944, la invasión del Valle de Arán, para mezclar la ficción y la realidad en una novela histórica .

¿Cómo hacer interactuar personajes históricos y ficcionados? Es una duda que se plantean infinidad de escritores.

¿Cómo lo resuelve
Almudena Grandes? Ella confiesa que para escribir Inés y la alegría -la primera novela de las seis que integrarán Episodios de una guerra interminable-, tomó como modelo a Benito Pérez Galdos para construir una historia con minúscula, que es la de ficción, que encajara dentro de un episodio real, la historia con mayúsculas -según sus palabras-.
En un reportaje relata su experiencia como escritora.
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Link: http://youtube.com/watch?v=svPhgYePsNQ&feature=related

viernes, 7 de mayo de 2010

Me gusta leer, vibrar al compás de las palabras... ¡y también escribir!

Sí, los lectores también son escritores. La misma emoción que se surge al leer una historia, se puede sentir al escribirla, al elegir las palabras, al perfilar los personajes, al buscar las pasiones que los impulsan, al desentrañar los miedos que los paralizan, al descubrir la sombra que los transforma en seres complejos, con pliegues y repliegues ocultos en el alma. Invito a disfrutar este video que refleja el inmenso placer que sentimos quienes amamos y disfutamos la lectura.
http://www.youtube.com/watch?v=oX1LM9HIk_s

viernes, 30 de abril de 2010

Confesiones de un escritor: Ítalo Calvino

Todos sentimos curiosidad por saber qué hacen los grandes creadores cuando se enfrentan a la hoja en blanco, cómo acostumbran trabajar, cuáles son sus hábitos, cómo batallan con las ideas... En estos breves párrafos, Ítalo Calvino comparte sus experiencias y sensaciones, y marca un contraste entre invención y realidad, entre escribir ficción o un relato autobiográfico.


"Escribo a mano y hago muchas, muchas correcciones. Diría que tacho más de lo que escribo. Tengo que buscar cada palabra cuando hablo, y experimento la misma dificultad cuando escribo. Después hago una cantidad de adiciones, interpolaciones, con una caligrafía diminuta.
Me gustaría trabajar todos los días. Pero a la mañana invento todo tipo de excusas para no trabajar: tengo que salir, hacer alguna compra, comprar los periódicos. Por lo general, me las arreglo para desperdiciar la mañana, así que termino escribiendo de tarde. Soy un escritor diurno, pero como desperdicio la mañana, me he convertido en un escritor vespertino. Podría escribir de noche, pero cuando lo hago no duermo. Así que trato de evitarlo.
Siempre tengo una cantidad de proyectos. Tengo una lista de alrededor de veinte libros que me gustaría escribir, pero después llega el momento de decidir que voy a escribir ese libro.
Cuando escribo un libro que es pura invención, siento un anhelo de escribir de un modo que trate directamente la vida cotidiana, mis actividades e ideas. En ese momento, el libro que me gustaría escribir no es el que estoy escribiendo. Por otra parte, cuando estoy escribiendo algo muy autobiográfico, ligado a las particularidades de la vida cotidiana, mi deseo va en dirección opuesta. El libro se convierte en uno de invención, sin relación aparente conmigo mismo y, tal vez por esa misma razón, más sincero".



viernes, 23 de abril de 2010

Nunca se cuelga, nunca necesita ser reiniciado...

En el día de la lengua, una reflexión-homenaje a "un dispositivo de conocimiento bio-óptico organizado" producida por Leerestádemoda

Las cualidades de este adelanto tecnológico permiten asegurar que el libro seguirá existiendo por mucho tiempo más, porque: "Book" es una revolucionaria ruptura tecnológica, sin cables, sin circuitos eléctricos, sin baterías, sin necesidad de conexión. Compacto y portátil puede ser utilizado en cualquier lugar...

¿Se despertó su curiosidad? Entonces dedique unos minutos para ver el video ¿Conoces el book? de Leerestádemoda

http://www.youtube.com/watch?v=iwPj0qgvfIs

lunes, 19 de abril de 2010

Todo es vestido: Coco Chanel, por Margo Glantz


“(…) Cocó Chanel se llamaba Gabrielle y nació en una provincia francesa indomable que se dejó romanizar a desgano y conquistó a sus conquistadores, obligándoles a consumir su famoso queso de gabales, ya desde entonces. (…) Gabrielle significa, en hebreo, fuerza y poder y la onomancia predice a quienes llevan ese nombre un brillo durable en el transcurso de la vida. (…) El único destino de Chanel: ser costurera de pueblo, morir de tisis, o ser la irregular de un joven de provincia. Gabrielle elige lo segundo, y en sus ratos de ocio confecciona sombreros para sus amigas. El destino de Chanel está fijado: unos sombreros femeninos muy graciosos porque son copiados de los sombreros masculinos; un color definitivo y poco usado, el negro, antes color de luto y desde Chanel color que nunca pasa de moda, unos cuellos blancos, de colegiala, una corbata de lazadas, un tipo de tela suelta, al estilo de la que usan los hombres, sobre todo cuando se ponen de sport, cuando montan a caballo, y un corte de pelo, el pelo a la garçonne. Curiosamente, esta modificación del atuendo que anticipa el unisex libera a la mujer. La libera de las fajas, de las colas, del empaquetamiento, de la formalidad, en una palabra, les permite soltarse el pelo. Ese pelo suelto que rodaba como cascada por los hombros de las mujeres decimonónicas cuando se ponían en toilette de cama, se suelta ahora apenas hasta las orejas y la mujer estiliza su cuerpo y defiende su cintura sin esclavizarla. (…) Su paso por el music hall sólo deja una secuela, la de su apodo Cocó. Cocó no canta pero su rítmico nombre define una nueva época y una nueva condición femenina. (…)
Olvidaba decirlo. Cocó nace en 1884, en plena belle époque. Su primer amante, personaje con aire a la Proust, le presenta al hombre de su vida, Boy Capel, joven inglés. Hombre de su vida en el doble sentido del término, porque lo amó por sobre todas las cosas y porque fue él quien la convenció de abrir su casa de costura. Casa que habría de competir con el gigante de la época: Poiret. Chanel vence a Poiret porque es una mujer quien se decide a vestir a las mujeres y muchas advierten la ventaja. Con Boy Capel, Cocó empieza a ser Chanel, primero en Deauville, luego en París.
Muy pronto es célebre y rica y su historia se condimenta: acorta las faldas y vive con un príncipe ruso, Dimitri Pavlovich Romanov, y una polaca, Misia, cambia su estilo de vida. Luego aparecen Diaghilev Stravinski y Cocó se vuelve Mecenas. La poesía se inserta con Reverdy, de quien fue amante y amiga eterna. Picasso entra al panorama y quizá a sus paredes y la casa situada en el número 31 de la calle de Cambon en París se fija desde 1910 como centro de la moda. Cocteau la vuelve griega y ella diseña vestidos para su teatro: Artaud pasa a su lado cuando aún es el bello poeta, y Hollywood adopta sus modelos: Cocó es ya un nombre internacional, en ella puede verse ya la extensión del poder de la firma.
Siguen las modas, apenas variadas, siempre con la marca de Chanel en el hombro y pasan los amantes. Iribe, luego los grandes amigos, algunos grandes nombres, pre jet-set. También la mancha negra, el amor siniestro por un jefe de la Gestapo, Von D..., más conocido por su sobrenombre, Spatz, el gorrión. Spatz le vale a Gabrielle ser una desterrada y ni el perfume Chanel N.º 5 que vestía los cuerpos más desnudos pudo salvar a Cocó de su indignidad... durante un tiempo, porque París olvida como todos olvidamos (la memoria histórica es tan frágil como la virtud) y Cocó Chanel vuelve a reinar como La Dama de la Costura.
¡Pobre Chanel! Sus amores estuvieron siempre guiados por el afán de la regularidad. Siempre pensó que alguno de sus amantes se casaría con ella: primero Capel, luego aquel Duque de Westminster que usaba los zapatos sucios y mandaba planchar sus agujetas; más tarde Von D... Curioso destino el de esta mujer: haber liberado el cuerpo de las otras mujeres, haberles dado un paso ágil, una desnudez posible, un gozo de la piel, una elasticidad movimentada por las texturas de las telas y haber permanecido enganchada al coser tradicional del matrimonio, corset que por obra de su aguja ella desterró de las cinturas.



Brevísima biografía de las ideas de Coco
http://www.youtube.com/watch?v=cq6TkJnw1_A

Coco define la elegancia
(Entrevista en francés)
http://www.youtube.com/watch?v=qu3-Z32ljIE&feature=related


miércoles, 7 de abril de 2010

Los dieciséis consejos de "Georgie"

Adolfo Bioy Casares, en un numero especial de la revista francesa L’Herne, confesó que junto con Borges y Silvina Ocampo proyectaron escribir a seis manos un relato ambientando en Francia sobre un joven escritor de provincias. Nunca lo escribieron, pero de aquel intento ha quedado una irónica lista de dieciséis consejos escrita por Borges. En ella especifica lo que, según su criterio burlón e inteligente, un escritor no debe poner nunca en sus libros.


En literatura es preciso evitar:
1. Las interpretaciones demasiado inconformistas de obras o de personajes famosos. Por ejemplo, describir la misoginia de Don Juan, etc.
2. Las parejas de personajes groseramente disímiles o contradictorios, como por ejemplo Don Quijote y Sancho Panza, Sherlock Holmes y Watson.
3. La costumbre de caracterizar a los personajes por sus manías, como hace, por ejemplo, Dickens.
4. En el desarrollo de la trama, el recurso a juegos extravagantes con el tiempo o con el espacio, como hacen Faulkner, Borges y Bioy Casares.
5. En las poesías, situaciones o personajes con los que pueda identificarse el lector.
6. Los personajes susceptibles de convertirse en mitos.
7. Las frases, las escenas intencionadamente ligadas a determinado lugar o a determinada época; o sea, el ambiente local.
8. La enumeración caótica.
9. Las metáforas en general, y en particular las metáforas visuales. Más concretamente aún, las metáforas agrícolas, navales o bancarias. Ejemplo absolutamente desaconsejable: Proust.
10. El antropomorfismo.
11. La confección de novelas cuya trama argumental recuerde la de otro libro. Por ejemplo, el Ulysses de Joyce y la Odisea de Homero.
12. Escribir libros que parezcan menús, álbumes, itinerarios o conciertos.
13. Todo aquello que pueda ser ilustrado. Todo lo que pueda sugerir la idea de ser convertido en una película.
14. En los ensayos críticos, toda referencia histórica o biográfica. Evitar siempre las alusiones a la personalidad o a la vida privada de los autores estudiados. Sobre todo, evitar el psicoanálisis.
15. Las escenas domésticas en las novelas policíacas; las escenas dramáticas en los diálogos filosóficos. Y, en fin:
16. Evitar la vanidad, la modestia, la pederastia, la ausencia de pederastia, el suicidio.



Jorge Luis Borges